jueves, 31 de enero de 2008

ENSAYO SOBRE LA LUJURIA, segunda parte

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Vagueando al sol de enero en una terraza en Sos, Bender pone sobre la mesa junto a los cafés, el debate sobre lujuria y pecado y plantea su punto de vista. Pecar es quebrantar una prohibición expresa. Y para ilustrar esta atracción por lo prohibido, convoca los fantasmas de Eva, Pandora y la mujer de Lot, a la que la Biblia ni siquiera da nombre.

Eva que comió de la manzana prohibida e hizo comer a Adán. Pandora que desató los vientos al abrir la caja que no debía abrir. Y la pobre mujer de Lot convertida en estatua de sal por echar la vista atrás, lo único que no podía hacer… Mujeres que quebrantaron las normas y pasaron a la historia por eso. Mujeres estigmatizadas por un momento de debilidad que desató grandes desgracias.

Volvemos a la entrada de ayer. Deseamos lo que no tenemos. Somos hombres y mujeres por igual, aquí si, eternos insatisfechos. El cuerpo que nos espera en casa, pasados los primeros estadios de la pasión, se nos hace tan cotidiano, tan accesible, que siempre parece que tiempo habrá. Y sin embargo, en las historias prohibidas la pasión tira de nosotros haciendo que arrasemos todo a nuestro paso.

Casi nadie que esté vivo, escapa en algún momento de su historia a esta atracción brutal por lo prohibido vestida de lujuria. Sabina lo cuenta en una canción que comienza así

“De sobra sabes que eres la primera,
que no miento si juro que daría por ti la vida entera,
por ti la vida entera;
y, sin embargo, un rato, cada día, ya ves,
te engañaría con cualquiera, te cambiaría por cualquiera…”

El pecado implica quebrantar una prohibición expresa y por lo tanto, la lujuria, para ser tal, convierte en objeto de deseo aquello que nos está vetado.
El pecado de lujuria no puede perpetrarse en casa.
No sería pecado, seria solo sexo.

domingo, 27 de enero de 2008

ETERNAS INSATISFECHAS

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El exceso de cafés en el paraíso al sol de invierno me pasa factura y no puedo dormir. Tras una hora dando vueltas en la cama, lo intento con un par de libros de los que nunca fallan y al final, agotadas las opciones (incluso Savater no lo consigue hoy), me levanto de nuevo para recuperar retazos de una conversación en el camino de vuelta a casa. Hablábamos de los cambios sociales y de la aparición de un nuevo tipo de mujer, la eterna insatisfecha.

Son (¿somos?) por lo general mujeres de más de treinta años, con una carrera profesional, vida social intensa y varias relaciones a sus espaldas, que tengan la pareja que tengan, siempre aspiran a algo más. Si el hombre con que comparten su vida es un caballero, culto, educado, encantador, ellas sueñan con el canalla de camiseta ajustada que pone copas en cualquier bar. Si consiguen cambiar al caballero por el canalla, terminan añorando la tenura del primero. Si su pareja es un hombre hogareño, ellas imaginan al que cierra los bares de madrugada. Y si viven con un deportista, suspiran por el intelectual.

Son mujeres que viven en perpetuo desasosiego, que pasan días y noches deseando lo que no tienen y sin saber muy bien que es lo que quieren. Enganchadas a series de televisión han creado su propio prototipo, una especie de Frankenstein nacido a partir de los trazos con que los guionistas crean a sus personajes.

Quizá ellas no saben que un personaje de serie se define en la "biblia" de producción con un máximo de cinco frases que muchas veces incluyen hasta la ropa que vestirá. Quizá ellas no saben que un personaje de serie responde siempre a un tipo definido que viene a dar respuesta a un modelo social. Lo que parece mentira es que ellas no sepan que un hombre, al menos algunos, es mucho más.

¿Podemos tener al mismo tiempo, en casa, al caballero, el canalla, el deportista y el intelectual? Posiblemente si. Posiblemente ellos nos quieren tanto que están dispuestos a representar cualquier papel solo para que nosotras seamos felices.

Pero posiblemente ellas prefieran soñar con lo que creen que no tienen antes que sentarse a hablar.

sábado, 26 de enero de 2008

CAMPOS DE BATALLA

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Lope de Vega escribió que El amor tiene fácil la entrada y difícil la salida y debe ser verdad, porque de los 19 días y 500 noches de Sabina, no nos libra nadie. Sobre todo de las noches.

El que nunca haya sufrido mal de amores que tire la primera piedra en este blog. El que nunca se haya levantado una mañana, la 501, pensando "¿cómo he podido ser tan gilipollas?", que lo diga y le pondremos su nombre a una calle. Y el que a pesar de todo no esté dispuesto a repetir, que busque el certificado de defunción, porque en algún sitio, debe tenerlo.

Y precisamente de estos muertos en vida para el amor, quiero hablar hoy en homenaje a un amigo, muy querido, que pasados los 50 y tras treinta años de matrimonio se ha separado de su mujer. En el momento de la separación, lo sé con certeza, no había terceras personas.

Cuando yo lo conocí por motivos profesionales, era ya para mí una referencia intelectual por su conocimiento de una parcela del arte y la historia que siempre me ha interesado especialmente. Después, nos hicimos amigos y en los momentos más duros de una historia complicadísima para mí, fue un apoyo constante y tenáz. Ahora, además, lo admiro profundamente porque ha sido capaz de empezar solo, desde cero, una nueva vida. Lo admiro porque no se ha querido resignar.

Resignación es posiblemente, y para mi, la palabra más despreciable del diccionario por lo que implica de renuncia, de derrota sin siquiera intentarlo, de claudicación final. La imagen de la resignación es la del soldado que vuelve a casa desde el campo de batalla sin haber intentado luchar. Sabe que le espera una vida gris, que pasará hambre y frío y que sus días serán siempre iguales. Pero a pesar de todo, prefiere no luchar. Se resigna porque tiene miedo de lo que pueda pasar.

Soldados como estos hay muchos a nuestro alrededor. Lo sabemos todos. A los 30, a los 40, a los 50... hay parejas que conviven compartiendo tan solo el techo que pagan a medias. No hablan, no hacen nada juntos, no tienen vida sexual, se resignan a ver pasar los días grises solo porque el miedo a lo que vendrá si rompen la baraja les puede. Miedo a quedarse solos, a llegar cada tarde después del trabajo y no encontrar la tele puesta, aunque lo que haya sea un bulto en el sofá, miedo a no tener con quien pasar las Navidades o a quedarse en casa en vacaciones, aunque cada año la idea de volver a la misma playa les agobie más. Son personas que prefieren la rutina de lo conocido al riesgo que conlleva un cambio, que se resignan a convivir con alguien por quien ya no sienten nada solo por miedo a lo que pueda venir si rompen una situación en cierto sentido cómoda. Y asi, pasan dias, meses y años y la vida se les escapa entre las manos mirando desde lejos la guerra en la que no se atreven a luchar.

Yo no se que ocurrirá con mi amigo. Si su nueva vida le traerá felicidad. Pero pienso sinceramente que la merece más que nadie, porque aunque al final pierda la batalla y regrese herido y cansado al lugar de donde vino, él ha sido el soldado que se atrevió a luchar. Y quizá os parezca una ingenuidad por mi parte, pero pienso, sinceramente, que la gente que al menos lo intenta, es la que al final, tarde o temprano, termina por ganar.

jueves, 24 de enero de 2008

MENCIONITIS

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En "Atlas de Geografía Humana", una de las protagonistas en pleno lío con un hombre casado, le confiesa en un momento de pasión "Yo no quiero poseerte, solo pertenecerte". En solo seis palabras, Almudena Grandes resume algo de lo que hablaba hace un par de días en este mismo blog, el efecto nefasto que el amor provoca en nuestra percepción del resto del mundo, el que existe mas allá de las cuatro paredes del palomar donde se refugian los amantes y por extensión en las relaciones con los amigos. Es ese amor obsesivo que hace que necesitemos tener cerca a la persona amada para poder respirar y nos sumerge al mismo tiempo un estado de amnesia hacia nuestros sufridos amigos, que en el mejor de los casos se sientan tranquilamente a esperar.

Pero por si esto fuera poco, antes de quedar relegados a un segundo plano, justo cuando acabamos de conocer a la persona presuntamente ideal, y cuando todavía la relación está en sus fases de inicio, castigamos a los pobrecitos amigos con una tortura digna de las mentes más calienturientas y que me temo, es imposible de evitar. La MENCIONITIS.

Quedo a comer con Nuei en la Cruz Blanca después de muchos dias sin vernos, justo desde que anda inmerso en ese caos emocional que provoca tener una nueva pareja. Hablamos de su corbata de rayas moradas, una de las mas bonitas que he visto últimamente, del trabajo de ambos y sobre todo de esas nuevas historias, las nuestras y las de los amigos comunes afectados también por este virus romántico (o físico, según los casos) que ha traído esta primavera extraña en pleno enero.

Nos sobran palabras y nos falta tiempo y de repente, me doy cuenta por qué. Sufrimos un ataque furibundo de uno de los efectos más curiosos que el inicio de una nueva historia provoca en los humanos. La MENCIONITIS.

Cuando uno conoce a alguien interesante, sufre una especie de abducción psíquica por la cual, de repente, lo que esa persona dice o piensa pasa a ser incuestionable. Sus gustos son a partir de ese momento los nuestros. Y si en el transcurso de una conversación hay que citar a alguien como ejemplo, podeis adivinar quien es. Contamos sus gracias y virtudes como padres primerizos y castigamos a los sufridos amigos con la misma anécdota (que por cierto, no suele tener puñetera gracia), una y otra vez. Y no podemos dejar de nombrarlo. Que si Fulanito/a por aqui, que si Fulanito/a por allá, Fulanito/a aparece en tres de cada cuatro frases, hasta que el sufrido interlocutor, hasta el moño de Fulanito/a de Copas, zanja la cuestión con un "Macho, la has cagao, estás colgado hasta las orejas"

En ese momento, lo negamos categóricamente y contraatacamos buscando posibles defectos, para que el amigo vea que gilipollas del todo, no acabamos de estar. Pero el amigo, que tonto no es, sonrie con suficiencia y piensa, "ya vendrás ya". Y si es listo, se bate en retirada y pasa por la FNAC a comprar algún libro porque sabe, que a partir de ese momento, tiempo le va a sobrar.




martes, 22 de enero de 2008

LUJURIA



Repaso con Bender la lista de los pecados capitales. Yo me apunto a la pereza de las mañanas de domingo con lluvia y él a los domingos enteros. Pero al llegar a la lujuria nos surge la duda. Puede considerarse la lujuria pecado hoy?

continuara...



PALABRAS DE AMOR

María, mi mejor amiga acaba de contarme que la entrada anterior le ha costado alguna lagrimilla...

Soy una mujer con suerte, siempre lo he mantenido. No por tener un buen trabajo, un ex novio estupendo, una familia que siempre me ha apoyado en todo, ni una monada de perra, sino porque tengo amigos de verdad.

Entre todos, ella es mi mejor amiga. Lo ha sido siempre y me lo ha demostrado infinidad de veces. Ha respetado mis errores cuando yo estaba ciega y me ha recogido al tropezar y caer. Ella aguanta mis malos humores y mis rachas de enamoramiento modorro. Ella me ha cantado las cuarenta cuando tenía que hacerlo y ha sabido estar callada cuando era mejor así. Que yo recuerde, no hemos discutido nunca, pero hay otra cosa que recuerdo con total seguridad. NUNCA ME HA FALLADO.

Y ahora le digo cuanto la quiero y se echa a llorar. Y pienso que soy idiota, que no basta con salir de copas por Jaca a garitos cutres aunque hiele la campana maría solo porque ella lleva toda la semana esperándome, sino que tenía que haberselo dicho mucho antes y muchas veces más.

Es curioso cuánto nos cuesta hablar de amor. Decir claramente a la gente que queremos que son fundamentales en nuestras vidas, que sin ellas y ellos, los días nunca serian igual. Que saber que contamos con su presencia nos da esa fortaleza que nos protege en las aventuras suicidas y que aunque a veces, desaparezcamos del mapa, siempre pensamos regresar.

Decimos frases cursis, tontorronas, copiadas de películas románticas a los que comparten la cama con nosotros. Y llega un momento en que desaparecen, se van. Y sin embargo, los que nos esperan vestidos en el bar de abajo nunca llegan a escucharlas, aunque las merezcan más.

Pues eso, que os quiero. Y cada uno de vosotros, queridisimos amigos, sabeís por qué.
PD. Compañera de viajes, juro por escrito que haré los deberes que me has puesto para FITUR.


lunes, 21 de enero de 2008

PODER ELEGIR

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Dos de mis mejores amigos han coincidido al enamorarse al mismo tiempo y andan desparecidos en combate desde entonces, supongo que atados a la pata de alguna cama. Y yo me siento como la amante de un hombre casado que sabe que ÉL nunca se va a separar.

Desde que el amor los ha abducido aprovechamos los minutos muertos en el trabajo para llamarnos por teléfono a salto de mata, nos vemos casi a escondidas, a prisa y corriendo en cualquier bar y nunca, nunca, nunca, podemos hacer planes, porque siempre se caen.

En ningún caso les voy a criticar.

Al revés, les comprendo perfectamente. Yo soy la primera que cuando el amor me ha dado fuerte, me he olvidado de todo lo que tenía alrededor, incluidos los amigos, que en mi caso he de decir, han sido tan generosos como para respetar este periodo de atontamiento que en algún caso ha durado años y estar ahi cuando ha terminado y los he necesitado de verdad (Por cierto, María, gracias por todo el tiempo que me has aguantado, te quiero muchísimo. Lo sabes, verdad?).

¿Son el amor y los amigos incompatibles? En la primera fase del enamoramiento seguro que sí. Por una cuestión física pura y dura, ni el cuerpo ni el tiempo nos dan para más. Las endorfinas o lo que sea que nos provoca el enamoramiento nos vuelven quejicas, caprichosos y dependientes. Necesitamos ver, escuchar y tocar a la persona que nos provoca ese estado. Sea como sea. A todas horas. Y si en un arranque de independencia comentemos el error de quedar con los amigos, estamos como en Babia pensando en el más allá.

En una segunda fase el tema se complica. Si, queremos mucho a nuestro ADJUNTO, pero necesitamos respirar. Si cada uno es capaz de coger aire por su cuenta y con sus amigos de siempre fantástico, pero... ¿y esas parejas que se empeñan en ser como siameses e ir juntos a todas partes como Pin y Pon? Se plantea entonces la guerra encubierta. Tus amigos o los míos. Y no se por qué, suele ganar ella. Fijaros en el Príncipe Felipe, que desde que se casó con Leticia no ha vuelto a subir a esquiar.

Y de repente, el pobrecito ADJUNTO se ve condenado a pasar los fines de semana en compañía de un grupo de gente, locos del bricolaje, a los que les encanta ir al Pryca los sábados, ver el fútbol en la tele los domingos y con la que no tiene nada de que hablar. Claro, que hay casos aún peores, cuando ella no tiene amigas y organiza fines de semana con hermanas y cuñados. Y las hermanas y cuñados, siempre tienen sobrinos.

Lo peor, sin embargo, llega el dia que uno se da cuenta de que no tiene amigos. Que los perdió por el camino para contentar a otra persona, la que duerme a su lado, que desgraciadamente ya no le inspira nada, posiblemente porque la rutina y el agotamiento son como la carcoma, capaces de minar cualquier estructura por muy fuerte que sea.

Y yo me pregunto, pasada la primera fase de enamoramiento cazurro, en la que uno no está para na... una vez que las cosas se calman y llega la tranquilidad, ¿De verdad tenemos que hacerlo todo juntos? ¿No podría ser esa la clave de que algunas parejas terminen hasta el moño el uno del otro? ¿Estamos condenados a cargar con las parejas de nuestros amigos? ¿No es posible mantener cierta parte de nuestra vida independiente de nuestra relación?

No hablo de rollos paralelos, ni nada por el estilo. Solo de mantener el control sobre nuestras vidas de manera que llegados al punto de una nueva velada con los amigos de la otra parte, poder decir sin que se organice un pollo, "no, querida, yo hoy no voy".

Hablo de tener opciones. Hablo de poder elegir.








domingo, 20 de enero de 2008

DIEZ VERDADES UNIVERSALES SOBRE LAS EX


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"Ten compasión de los seres con colica, anda"

Me lo dice Rocketon después de preguntarme si de verdad, los hombres que describo en el blog, existen. Pues si, querido mío, existen y no solo eso, sino que hay muchos tipos más que por una cuestión de vergüenza torera y porque serían fácilmente reconocibles, no han aparecido todavia explícitamente por aqui. Pero dame tiempo, que caerán.

Sin embargo, para ser justos, y partiendo de la base de que como sostiene Nickname/Atila, a estas edades todos tenemos alguna tara, es cierto que en todas partes cuecen habas y en algunos sitios, a calderadas. Pero aunque obviamente no voy a hablar mal del colectivo femenino al que represento, si hay una parecela del mismo que merece un repasito. Las EX.

Ahí van algunas verdades universales sobre esas mujeres que un día, a veces no muy lejano, ocuparon nuestro lugar en su cama.

1. Las ex son como los herpes. Hagas lo que hagas, siempre vuelven para molestar.

2. Las ex tienen poderes mentales, porque si no, a ver como se explica que aparezcan siempre en el momento más inoportuno. Acabais de meteros en la cama, y llama. Por primera vez desde que estais juntos se le ocurre hacerte un desayuno romántico, y llama. Consigue convencerte de que veais el fútbol juntos y justo cuando tu delantera le empieza a interesar más que la del equipo de la tele, ella llama. ¿Y para que? Solo para saber que está bien. Esta esupendamente, bruja, ahora está conmigo.

3. Las ex siempre se reenganchan con inútiles del bricolaje, de manera que cada vez que hay que colgar un cuadro, ahí que se va TU ADJUNTO con el taladro. Y tu te quedas en casa eschando cuentas y pensado que ni en el Prado hay tantos cuadros como en casa de su ex.

4. Las ex van siempre impecables. Y tu te la encuentras siempre el primer dia de regla, (a ver chicos, la regla implica que estamos hinchadas como botijos, nos salen granos aún a los 40, el pelo está hecho un asco y da igual la pinta que tengas, nos vemos siempre fatal) mientras ella pasea por Independencia como si salieran de la portada del Hola.

5. Las ex adoran a sus ex suegras. Es impresionante. Uno de los grandes misterios de la Humanidad, dos mujeres que no se tragaron nunca, de repente firman un armisticio con el único fin de putearte. Y a veces, hasta lo consiguen.

6. Las ex siempre recuerdan su cumpleaños, y llaman a las siete de la mañana para asegurarse que son las primeras y dejarte en mal lugar a ti.

7. Las ex siempre estuvieron antes ahí. Da igual que te lo lleves al último pueblo de Soria de fin de semana romántico. Ella estuvo antes. Y no solo eso, sino que hizo tan buenas migas con la señora de la casa rural, que aun se llaman. Imaginad el fin de semana que pasas teniendo la certeza de que hasta del último ruidito que hagas, ella se va a enterar.

8. Las ex siempre dejan un rastro. ¿Como se explica, si no, que a pesar de tres mudanzas aún encuentres pendientes dorados, desodorantes de spray y horquillas morenas cuando tú detestas los oros, eres alérgica a los sprays y naciste pelirroja?

9. Las ex les contagian para siempre el mal gusto en la ropa y se nota cuando tras meses de dura terapia casera estudiando el Vogue, lo llevas de tiendas y a la que te descuidas va como un zombi a por una camisa de cuadros amarilla que a ti, de lejos, ya te hace sudar.

Pero lo peor de todo, lo que mas nos toca las narieces a las mujeres, es que siempre, siempre, siempre, ella está más delgada que tu.
Sin comentarios. Que eso, si que jode de verdad.

viernes, 18 de enero de 2008

MARCHA SUAVECITA

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Lo bueno de ir al monte con un hombre es que tienes la certeza de que si se produce cualquier tipo de desastre cósmico, solo con lo que él lleva en la mochila, podréis sobrevivir e iniciar de nuevo la historia de la humanidad.

Sábado por la mañana. Se plantea una marcha suavecita, sin mucha dificultad y para volver antes de que se haga de noche. El, que termina de trabajar los viernes a las tres, se tiró ayer toda la tarde preparando la mochila. Tú, te fuiste de rebajas.

Miremos dentro.

TU MOCHILA

1. Protector solar y cacao para los labios
2. El mapa del recorrido
3. Agua y algo para comer
4. El móvil

SU MOCHILA

1. El GPS, generalmente sin el mapa de la zona donde vais.
2. El botiquín completo, incluidas vendas, antidiarreicos y Saldeva. Que no tengas la regla, da igual.
3. Agua, al menos un par de litros.
4. Bebidas isotónicas de última generación.
5. Un termo pequeño con café y coñac por si le entra frío
6. Una camiseta de repuesto de manga corta.
7. Una camiseta de repuesto de manga larga.
8. Un chubasquero ligero por si tiene calor.
9. El bocadillo de tortilla.
10. Las barritas energéticas de manzana y las de chocolate.
11. Bolsas de frutos secos.
12. Chocolatinas de varios tipos (mira, esto si que se lo agradecerás)
13. Caramelos de menta por si le da por toser.
14. Un par de mapas, por si cambiamos de ruta.
15. Una libreta para apuntar por si se le ocurre algo.
16. Una manta térmica por si nos perdemos y se hace de noche.
17. Una linterna por si encontramos una cueva.
18. Una navaja multiusos por si hay que cortar algo.
19. La manta pequeña para hacer siesta.
20. El Marca, por si le da tiempo de leer.
21. Papel higiénico, que nunca se sabe.
22. Preservativos, que los polvos campestres cotizan al alza.
23. La cámara reflex con un par de objetivos, claro está.
24. Una botas de recambio por si le hacen rozaduras.
25. Otros calcetines por si acaso nos mojamos.
26. El bañador, aunque sea enero.
27. Tabaco y mechero, y que se sepa, no ha fumado en su vida.
28. El Ipod con música de la tierra
29. Una bengala por si tenemos un accidente
30. Bolsas de plástico que siempre vienen bien.

31. Cerillas impermeabilizadas

32. Un poncho contra lluvia

33. Cuerda, alambre y cinta aislante

34. La brújula


Y la bota de vino, que al fin y al cabo, vota a la CHA.

Total, que salís de casa y cuando aún no ha arrancado el motor , te mira y dice... "Cariño, no habrás cogido dinero. Hace falta gasoil"

jueves, 17 de enero de 2008

PEQUEÑAS COSAS

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Anoche, alguien que sabe que estoy en unos días de mucho tute a nivel laboral, me envió una canción por correo electrónico con el fin de que me hiciera sonreir al encontrarla esta mañana cuando llegara a trabajar.

Sabía que Norah Jones es buena, pero no hasta el punto de tener estos efectos sobre mi.

De repente parecía que el sol, que a esas horas aún no ha salido, entraba a raudales por la ventana. El café de la máquina se ha convertido en algo posible de tomar. Y los asuntos que tenía atascados desde hacía varios días y no me dejaban avanzar se han resuelto como por arte de magia.

No se si será la música, pero nueve horas después, sigo sonriendo.