
Como era de prever, los habituales se han quejado amargamente por mi "visión agria y muy poco romántica" de esto del amor. ¡Que leches! Pero si yo soy la primera que he tenido grandes travesías y naufragios muy jodidos! Y a pesar de todo, soy la primera en subir al barco y sin preguntar ni hacia donde va!!!
Pero una cosa no quita la otra y sigo pensando que las relaciones son como firmar un contrato en blanco, jugar a la ruleta rusa o lanzarse a un descenso de cañones sin chaleco salvavidas y que muchas veces el amor necesita un ejercicio de fe mayor que creer la multiplicación de los panes y los peces.
Crees. Confías. Esperas. Que la persona que tienes al lado te cuide y se preocupe por ti. Que te acompañe en los buenos y en los malos momentos. Que quiera lo mismo que quieres tú. Que te apoye en tus decisiones. Que respete las que no comparta. Que te desee y te mire siempre como te mira ahora. Que nunca te mienta. Que no te engañe. Que te quiera siempre, aunque sepas que siempre es tanto tiempo que tú mismo te agobias al pensarlo... ¿no es eso un ejercicio de fe mayor que el que exige pensar cualquiera de los milagros que recogen los evangelios?
Y a pesar de todo, estamos deseando creer. Locos por ponernos en manos de alguien. Esperando que el amor nos cambie la vida. Y a veces pasa. Muchas veces pasa. Y luego dicen que hay crisis de fe.


