
- ¿Pero tú que quieres? Porque no es lo mismo un crucero de a 600€ que un yate privado o una barca a remos.
- Bueno, lo que importa es disfrutar en el viaje, ¿no?
- Ja. Eso era a los veinte, cuando tenías la Armada inglesa para elegir, pero a los cuarenta...
- A los cuarenta, nada. Además, no son los mismos mis cuarenta que los tuyos.
- Ah, ¿no?
- No. Hay quien a los cuarenta aún no se ha embarcado nunca y quien ha naufragado ya tres veces.
- Bueno, pero sea como sea, lo que importa es que la barca sea de fiar
- De eso nada. Hay quien lleva toda la vida en un transatlántico y se muere por la emoción de unos rápidos en el río.
- Pues también es verdad.
- Gracias a Dios, el mundo está lleno de barcos.
- Pues eso.
- Pues eso.
2 comentarios:
ea.
que nunca nos conformamos con nuestro barco. o creemos que otro sería mejor. o nos planteamos saltar por la borda y nadar como locos.
o sea, que esto del amor y de los barcos es muy bonito, pero muy complicado.
jajaja! que bueno! voy en una barca de troncos y se van soltando uno, otro.... ya quedan pocos....
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