jueves, 5 de noviembre de 2009

EPIDEMIA



Será una casualidad o una epidemia, pero últimamente me llueven historias tristes de parejas conocidas que deciden poner punto y final a sus relaciones. En varias hay hijos de por medio, problemas económicos y sobre todo, desgaste de convivencia. En algunas, también, la constatación de que aquella impresión del principio “estos no duran dos días”, se cumple.

Por experiencia se que cuando uno se enamora de verdad, ya pueden ponerle muros enfrente que los salta todos. Caiga quien caiga. Aunque seas el primero en caer. Y así nos va. Pululamos por el mundo protegidos tras unas gafas de color pastel que transforman la realidad y sobre todo a la persona que tenemos al lado a nuestra conveniencia. Y aunque los amigos nos adviertan de aquello que no llegamos a ver, también estamos sordos.

Una prestigiosa abogada matrimonialista, pionera en España, me contaba una vez que por ella, todos los matrimonios que se contraen por amor deberían ser declarados nulos, puesto que el amor nos anula las facultades mentales. Quizá tenga razón. Pero ahí que seguimos.

Y a pesar de saberlo no deja de ser doloroso ver como amigos que pusieron todo su empeño en una historia de amor terminan naufragando. Y en el desastre no solo sucumben emociones y esperanzas sino a veces, y esto es peor, niños inocentes, hipotecas a medias y cargas que habrán de arrastrar toda la vida.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Por supuesto que la tristeza de algo que termina, es inevitable y da melancolia no solo a los protas sino a los que los quieren.

No niego la dureza de muchas situaciones de niños (sobre todo), hipoteca y otros (que deberían de solventarse con dialogo y buena voluntad)

Pero hay una pregunta. No nos damos cuenta de que la vida es un devenir constante? que necesitamos evolucionar? Que es dificil aprender a evolucionar conjuntamente? Esto es lo que da al traste con muchas parejas.

Pero a la vez, porque nos olvidamos de que fuimos felices? de que hemos pasado otra etapa de nuestra vida con felicidad, gracias a alguien? Si fuesemos conscientes de eso, sabriamos tener dialogo posterior, buena voluntad y amainaríamos nuestra tristeza.

Somos iguales y lo sufrimos ambas partes, pero tambien podemos mitigar el mal momento, sonriendo al recordar lo bueno. El ser humano siempre busca defensas ante los malos momentos. Porque no buscamos estas defensas buenas de los pensamientos positivos? (los niños y las hipotecas no lo pasarian tan mal)

Respetemosnos, antes, durante y sobre todo despues de una relación.

Nuei

Anónimo dijo...

Perdon por el rollo.... el blog es tuyo y mas que una opinion he escrito un ensayo.... ya sabes que me enrollo y.......

Nuei

Jezabel dijo...

Hace tiempo que no escribía,pero sigo aquí, aunque a veces sea en silencio, jeje... Sí, es muy triste decir adiós, y más habiendo "otros factores" de por medio... pero siempre es triste...

Un beso,

Jezabel.