jueves, 30 de diciembre de 2010

EL DEBATE SOBRE LAS PIELES



Ante la polémica suscitada por mis declaraciones (siempre he querido decir esto, es como lo de "siga a ese taxi!!!") sobre mi chaleco de auténtica piel de conejo vasco, debo hacer algunas matizaciones:

1. Me encanta el conejo al ajilo. Igual que el jamón, el carpaccio de ternera, los berberechos al vapor,  los boquerones en vinagre y hasta las salchichas frankfurt según donde y como me pille el hambre.

2. Juro que he intentado alguna vez comprar zapatos malos, de plástico, de los que no están hechos con piel. Confieso que soy incapaz de andar con ellos. Me sudan los pies, me hacen rozaduras y termino tirándolos y comprando otros. De piel, ya lo siento. También confieso que tengo unas cuantas cazadoras de cuero y de ante y que las uso casi todos los días.

3. Tengo una perra recogida de la calle, una familia de gatos viviendo en la leñera (vease foto) y una cuñada vegetariana porque textualmente ""no come nada que provoque sufrimiento". Claro, como las lechuguitas no gritan y las quejas de los chavalines explotados en las plantaciones de soja del tercer mundo con las que se hacen las hamburguesas para vegetarianos  no nos llegan hasta occidente...

4. Tengo un padre que cuando recoge las manzanas, los membrillos y las peras del jardín, deja caer unas cuantas para que los topillos y los jabalís tengan algo que comer en invierno y al mismo tiempo, ha sido pescador en río de montaña toda la vida. Cuando era cría me llevaba con él al río y durante muchos años en una esquina de la nevera en mi casa había una cajita de mantequilla francesa con la taja agujereada, donde vivían las dragas. (¿Alguien sabe como se llaman estos bichos en castellano?)

5. Soy miembro de la Asociación Protectora de Animales y Plantas Pirineos, pago religiosamente mi cuenta y colaboro con ellos todo lo posible.

6. Un abrigo de piel, de los de verdad, cuesta en torno a 6.000€. Si yo contara con esa pasta y no tuviera una espléndida hipoteca con la que compartir los próximos 30 años de mi vida, cogería una excedencia de tres meses y la pasta y me largaría a ver mundo, lo más lejos  posible y a poder ser en el Transiberiano. Y para ese viaje con un forro polar de Decathlón, me apaño.

Al contrario de lo que pueda parecer, no me estoy justificando. El debate ético sobre pieles si, pieles no, yo también lo he tenido. Mi conclusión: si se come, y yo me lo como, me lo puedo poner. Otra cosa, claro está es saber si el conejo que yo me como ha vivido como un desgraciado en una granja de explotación brutal o feliz en la huerta de algún vecino. Y aún en la huerta... ¿quien sabe si el pobre bicho no pasó toda su vida acojonado por miedo a las gallinas? Demasiado complicado....

1 comentario:

Anónimo dijo...

en mi opinion el verdadero debate estaria en la cuestion de si es licito que una especie, el hombre en este caso, se autodetermine dominante sobre todas las demas y pueda usarlas a su antojo, el uso que haga de ellas es totalmente irrelevante, lo importante es que las usa para sus propios fines sean cuales sean.....y que no me digan que las proteinas son necesarias para vivir porque se puede pasar perfectamente con lechuga