martes, 1 de enero de 2008

Bienaventurados los que dejan que la mujer apropiada les compre la ropa...


Está científicamente demostrado, las mujeres tenemos la necesidad de cambiar la manera de vestir del hombre con el que estamos. Si lo hemos conocido con vaqueros y camiseta, soñamos con verlo de traje y si es de los de corbata a diario lo arrastramos de escaparate en escaparate buscando el jersey de cuello vuelto con la chaqueta de pana.

Posiblemente se trata de alguna manera enrevesada de marcar nuestro territorio, sobre todo si él acaba de salir de una relación reciente o... todavía está en ella. Vestirlos a nuestro gusto es la forma de decir al resto del mundo que ahora somos nosotras las que decidimos como, cuando y dónde y hay que reconocer que la mayoría de las veces les hacemos el favor del año. ¿Quien no conoce algún caso de hombre al que encontramos vestido como un jubilado alemán de vacaciones en Benidorm y a los seis meses parecía un anuncio de Calvin Klein? El pobre no tenía ninguna culpa de que el criterio estético de su ex incluyera como el sumum de la elegancia las chaquetitas de punto de octogenario o las camisas amarillas de cuadros de mantel "tan animadas".

El asunto de la ropa es menos frívolo de lo que parece y hay mujeres que lo utilizan como arma de defensa activa. Sobre todo las que combinan una pareja más atractiva que ellas con un punto de inseguridad personal y visten a sus adjuntos como si fuera una venganza. Y ellos, que además de guapos suelen ser buenas personas, tragan con lo que sea. ¿Como se explica, si su mujer no está detrás, la pinta con que David Cantero aparece en el Telediario? Cualquiera con menos de dos dioptrias sabe que a un canoso jamás de le puede vestir de blanco o gris perla y ahí está él, fin de semana tras fin de semana con el mismo traje apagado, mientras su señora duerme tranquila en casa sabiendo que su marido trasnmite menos calor que las cigalas para navidad que compramos en noviembre.

Y dirán algunos... ¿y los que no tenemos pareja? Peor, teneis madre. Y la mayoría de las veces una madre tan encantadora y bienintencionada que por llevar a su niño "moderno" a ver si le buscamos novia, se deja encasquetar en el Corte Inglés esos jerseys de cuello redondo fucsias, verde manzana o azul turquesa con camisa de cuadritos a juego que vosotros os poneis porque al fin y al cabo, madre solo hay una y en el armario no queda nada limpio.

Sin embargo y aunque parezca imposible, hay un caso peor. El de los políticos con asesor de imagen. Dos ejemplos. El presidente de una comunidad autónoma (cuyo nombre obviamente no voy a revelar), con muy buena planta, cambió poco antes de las elecciones sus gafas de montura al aire por otras con un diseño moderno y rompedor que le quitaba de un plumazo y a pesar de esos trajes de color indefinido y corbatas tristes, veinte años de encima. Le duraron dos días. Sus asesores pensaron que eran demasiado "juveniles".

También en las pasadas elecciones, en la grabación de un debate electoral entre candidatos a las Cortes de Aragón (en una Radio Televisión Autonómica cuyo nombre imaginareis), cuatro de los cinco candidatos aparecieron con la misma corbata roja. El quinto era de IU. Hubo que hacer una razzia de urgencia por la casa para encontrar cuatro corbatas distintas y todo porque un gurú de la imagen decidió que el rojo proyecta una sensación de confianza y dinamismo entre los votantes.

Pero en el fondo, lo mas alucinante de todo esto es que la disciplina de partido solo sirva para uniformar a los militantes. O es que de verdad os creíais que todos los del PP habían descubierto al mismo tiempo la combinación de camisa azul con corbata amarilla de la pasada legislatura?

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