martes, 12 de febrero de 2008

DAÑOS COLATERALES

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De acuerdo, noches de luna, noches gloriosas, de esas que recuerdas toda la vida, pero… ¿y la mañana después?

Bender, una de las personas más sensatas que conozco suele decir que a ciertas edades (las nuestras, claro) el ego extiende talones que el cuerpo no puede pagar. Y es cierto. Uno sale, bebe, baila, no fuma pero traga humo sin talento, desayuna huevos fritos con gin tonic o magdalenas con cerveza, y posiblemente remata la noche en una cama que no es la suya y en la que intenta, al menos y si el índice de alcohol en sangre se lo permite, quedar relativamente bien. En fin, excesos, excesos, excesos…

Y claro, los excesos se pagan. Con más intereses que un crédito rápido. Con cláusulas abusivas que no nos hemos molestado en mirar. Y pasas el domingo hecho un trapo en un sofá del que te levantas solo para llamar a telepizza o bajar la persiana al ritmo del sol. Y el día se transforma en una especie de vía crucis en el que las estaciones son cada uno de los recuerdos de hasta que punto hiciste el idiota la noche anterior. Las copas de más, el sentido común de menos suman y restan cuentas que casi nunca salen bien.

Casi nunca. Si, casi nunca. Porque excepciones las hay y todos las conocemos. Y quizá por eso insistimos cada fin de semana. Quizá por eso la gente sigue saliendo, y bebiendo y perdiendo los papeles, porque sabe de alguien que una noche así termino llegando al cielo. Y como este es un cuento que termina bien, posiblemente sigue ahí.

Al fin y al cabo, ¿que es una resaca si te pilla en el camino de vuelta del paraíso? Y todavía más, ¿que importan los daños colaterales si has aprendido el camino hasta el cielo y piensas volver?

1 comentario:

SoyYo dijo...

Es la cara y la cruz. El único inconveniente de salir una noche de marcha es el día después. Y quién se acuerda de eso cuando estás pasándotelo chachi-piruli-megaguay, en plena sesión de baile, ligoteo, copa va, copa viene.... ¡Somos los más guay del mundo mundial!
Andanda al día siguiente, cuando no tienes muy claro las chorradas que dijiste, a quien se las dijiste, si te gustaba el maromo/a, la cabeza es un martilleo constante y para volver a recomponer el cuerpo se necesita toda la semana. Entonces va la pregunta del millón ¿pa’ qué salí, pa’ esto?
Lo jodío es que cuando se pasa el temporal y la rutina y/o el aburrimiento se apoderan, ¡pues que otra vez a las andadas! y oye que vas a hacer, a buscar otro momento de gloria.