viernes, 8 de febrero de 2008

PRINCIPES Y SAPOS. A veces, sucede.

:En un post a mi anterior comentario, noempujeseñora se pregunta que pasa si el príncipe, después de mucho esperar y cuando por fin crees que aparece, termina convertido en rana a los cuatro días. Buena pregunta.
En otro comentario muy certero a mi entrada ETERNAS INSATISFECHAS, antesdedarmepormuertobuscameenelbar, apunta como causas de esta situación el hecho de que a nuestra edad, el mercado esté ya complicado y que nosotras hayamos visto mucho mundo. Estoy de acuerdo con él. Atila con su buen humor habitual, mantiene que a estas alturas, el que no tiene taras, está en un zoo y cualquier mujer que llega sin pareja a los 35 tiene en su currículo sentimental al menos un par de historias con las que poder comparar. Vamos, que si nos fiamos del sentido común y de la estadística pura y dura, en este charco sapos y ranas es lo que más hay.

Sin embargo, sucede que a veces y cuando menos te lo esperas, la vida te sorprende.

Sucede que a veces conoces a alguien que parece especial. Sucede que a veces que tú también se lo pareces. Sucede que a veces, con la excusa más tonta, termináis quedando un viernes por la noche en la sección de libros de arte de la FNAC.

El, que lleva toda la vida pasando por las mismas calles se pierde entre el Casco y la Magdalena. La cena termina siendo un plato de queso en una taberna donde ni siquiera podéis elegir el vino. La película, avalada por las mejores críticas es la más aburrida que habéis visto en años. Y a las cinco de la madrugada, con tantas cosas aún por deciros, tenéis que marchar a casa porque no queda un solo bar abierto.

Sucede que a veces a pesar de todo, resulta una cita estupenda.

Y tú, empiezas a preguntarte dónde está la trampa. Si al besar al príncipe, éste no se convertirá en sapo. Y mientras tú buscas el fallo, seguís hablando a todas horas y saliendo de copas, cenas y cines y haciendo pequeños viajes. Y el príncipe parece cada vez más azul y tú, no paras de mirarle de reojo, esperando ver aparecer el sapo. Y al final, como te sabes el cuento, decides besarlo.

Una cosa lleva a la otra y el beso en la nariz del que hablan los cuentos de hadas se multiplica por mil a lo largo de muchas horas en las que besas cualquier lugar posible por si ahí, estuviera el truco. El debe pensar lo mismo porque te sigue en el juego y entre tantos besos, las horas pasan y el calendario que se alía con un San Valero en martes que os permite olvidaros del tiempo. Y tú descubres que desnudo y pegado a tu espalda, el azul es aún más brillante.

A veces sucede que cuando horas después el hambre o el sentido común os devuelve al mundo de los vivos y a la luz de una tarde de invierno, él sigue siendo azul. Y asi, pasan los días. Y tus reservas se las va llevando el cierzo.

A veces, cuando menos te lo esperas, sucede.

pd. Juro que si al final termina convirtiendose en sapo, también voy a contarlo. Y entonces daré nombres, jajaja.

B.S.O http://es.youtube.com/watch?v=gdZCQPNfEIo

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Enhorabuena querida!! Tener al lado al príncipe azul es una fortuna. Que luego se convierta en rana... qué más da, "que te quiten lo bailao". En todo caso dependerá de las expectativas creadas, cuantas menos mejor. Pero siempre tiene más mérito correr el riesgo y asumir la derrota, en el caso de que llegue que lamentarnos con "y si...?.
Ahora bien lo que si que tiene mérito ess estar con una rana y esperar que se convierta en príncipe, esto ya es para nota y/o para masoquistas (como yo). Causa perdida de antemano. Pero en este gran mercado en el que nos encontramos, como dice un amigo común, todo se vende. O como dice Paul Laverty: "Hay que mirar las decisiones de la gente de acuerdo a las circunstancias en las que la toman.
Suerte.

escarlata dijo...

Sí, a veces pasa. Pasa que cuando estoy en la charca esperando y empezando a disfrutar de sus ventajas, aparece el apuesto príncipe, me besa y paso de rana a princesa por unas horas.
Son momentos mágicos que se terminan con la vuelta a la realidad, dándome cuenta que ni soy una rana ni existen los príncipes. Y mientras tanto me pierdo entre el miedo y el deseo...

“Mientras tememos conscientemente no ser amados, el temor real, aunque habitualmente inconsciente, es el de amar. Amar significa comprometerse sin garantías, entregarse totalmente con la esperanza de producir amor en la persona amada. El amor es un acto de fe y quien tenga poca fe también tiene poco amor”

Erich Fromm ”El Arte de Amar”