martes, 9 de diciembre de 2008

ANGEL DE LA GUARDA. Primera parte.


Cuando más vieja me hago más consciente soy de que tengo un ángel de la guarda y que el pobre, últimamente curra como un minero.

Buena prueba de ello es todo lo que me ha pasado este puñetero puente, que pasará a los anales de mi historia personal como una sucesión de pifias impresionantes.

La primera nada más llegar a mi casa en un pueblo del pirineo. Cerrada desde hace tres semanas, aquello parecía el polo norte. Justo mientras me peleaba con la caldera para encender la calefacción, oigo al fondo del pasillo, en una habitación que solo utilizo cuando hay visitas un ruido impresionante. Dice mi dentista, y lo suscribo completamente, que soy tan grande como cobarde.
Joer.

Desde ladrones a zombies, pasando por Freddie Krugger o un comando de terroristas islámicos. En un segundo desfilaron por mi cabeza todas las posibilidades de seres terroríficos que podían haber acampado en mi casa mientras yo estaba fuera y que esperaban para rebanarme el cuello en la habitación del fondo. Me armé con un bordón comprado en un arrebato de autenticidad en una excursión a Tahüll antes de descubrir los bastones telescópicos de montaña y me lancé al fondo del pasillo.

Increíble.

El radiador se había caído de la pared, en la que solo quedaban los dos agujeros monumentales en el lugar donde iban los soportes y los ladrillos detrás.

Yo flipaba.

Porque dejando a un lado el susto y el acojone, el puñetero radiador se podría haber caído en cualquier momento de estas tres semanas, o de los tres años que llevo usando la casa solo para los fines de semana. Pero no. Tuvo que caerse justo cuando yo estaba en casa, preparada con el barreño para recoger el agua que pudiera salir y lista para llamar a papá (si, papá, ¿Qué pasa?) para que viniera a solucionarme el desaguisao.

Y lo más curioso es que justo en ese momento, mi vecino del despacho de enfrente volvía a toda prisa desde Lanzarote porque un escape había inundado por completo la planta baja y el garaje de su casa. Siniestro total.

¿Os quedan dudas? Pues mañana os sigo contando.

3 comentarios:

Labegue dijo...

Es que papá es mucho papá...

Te comiste un donuts esa mañana?

No? Pos ahí está el fallo

cristal00k dijo...

mmmmmmmmmm ¿te está atacando el p`*trgrr Murphy de los webs?
Vade retro! María. Mi tía abuela, la Druida, hacía una pócima con sal y vinagre para estas ocasiones.
Que de haberlas haylas... jeje
Un beso

Lilyth dijo...

Seguramente tienes -como yo- toda una pandilla de ángeles a tiempo completo que no te dejan ni a sol ni a sombra ;)