jueves, 10 de julio de 2008

20% DE DESCUENTO

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En mi aversión por los centros comerciales, también hay grados. Pueden llegar incluso a gustarme cuando me solucionan un cine en sesión de madrugada en pleno invierno al lado de casa o cuando libro un día entre semana para ir de tiendas con mi mejor amiga. En el otro extremo, los fines de semana previos a la Navidad o los escaparates con abrigos en pleno mes de agosto.

Pero hay un lugar que se repite en todos los centros comerciales y que evito sobre todas las cosas: las tiendas de mascotas. La imagen de los cachorritos encerrados en una vitrina de cristal de poco más de medio metro, intentando dormir sobre tiras de papel mojado y soportando los golpecitos de decenas de tarados que los miran desde el otro lado del escaparate, es superior a mis fuerzas.

Cualquiera que tenga perro sabe lo que un animal aporta a su vida. Te acompañan en lo bueno y sobre todo en lo malo, dependen de ti pero al mismo tiempo te crean una adicción inexplicable. Entre las dos fotos siguientes hay cinco años. Un 10 de abril de 2003, S. llegó a casa con una caja de un monitor de ordenador en la que, enrredada en una bata vieja de laboratorio dormía una perra blanca. Nunca habíamos pensado tener perro, pero apareció en su trabajo en unas circunstancias tan lamentables, que S. que es una de las mejores personas que he conocido nunca, fue incapaz de dejarla en tierra.

La noche que llegó a casa, Yuri era asi.



Estaba famélica, tenía una pata con una rotura antigua que no había soldado bien y le hacía cojear y según el veterinario, habría recibido tantas palizas de bebé que era incapaz de ladrar. Tenía miedo a cualquier ruido y cuando alguen levantaba la mano cerca de ella, con un gesto brusco, se encogía en un ovillo y temblaba como una hoja.

Hoy, Yuri es esta.

En su cartilla sanitaria se establece que es un auténtico ejemplar de raza mixta, sinónimo oficial de un chucho o siete leches. Sin raza reconocida, salta a la vista que es una preciosidad y posiblemente la perra más mimada del Pirineo, pero se ha ganado a pulso cada uno de esos mimos, entre otras cosas, ejerciendo de compañía constante durante dos años de un anciano con un derrame cerebral al que ella acompañaba, entretenia, y obligaba a seguir moviendo partes del cuerpo...

Y podría contar muchas cosas más, como que ha aprendido a parar en los pasos de cebra y cruzar solo cuando le dás permiso, pero se lo pesados que nos ponemos los dueños de perros cuando hablamos de ellos, asi que os ahorraré las batallitas.

¿que por que cuento esto? Lo cuento porque hoy, al pasar junto a una de esas tiendas de mascotas de un centro comercial, he visto un cartel colgado sobre el precio de los cachorros en el que ponía:

20% DE REBAJA

y me ha venido a la cabeza esa imágen de Yuri sin poderse sostener de pie el día que llegó a casa y todo lo que nos ha dado en estos cinco años.

Y es que quizá haya alguien que no lo sepa, pero cuando dejan de ser esos cachorritos tan graciosos de escaparate y no se venden, la mayoría de esos perros son sacrificados. Y hay cientos de ellos como Yuri esperando una oportunidad en las perreras.

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1 comentario:

amparito dijo...

Cuentanos todo lo que te de la gana. Los que disfrutamos de los animales te lo agradecemos...
Besos
Ampa
Pd.-aunque una vez estuve en una cena de una protectora y pensé: pero es que solo saben hablar de perros? debían emplear esa cena de desahogo para no cebarse con su amigos...