lunes, 19 de mayo de 2008

ACTO DE FE

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En un post a una entrada anterior, Gabriel me propone reflexionar sobre una pregunta a priori, complicadísima: ¿Qué es mejor, amar o ser amado?. Puffffffffff, menudo charco. Algo parecido al “¿A quien quieres más, a papá o a mamá?” que nos preguntaban a los niños de la década de los 70, justo antes de que aparecieran los psicólogos infantiles y lo prohibieran terminantemente so pena de traumatizarnos a todos. Y aun así, mira como hemos salido.

Pensándolo fríamente, y desde una postura de honestidad absoluta, puede ser tan terrible amar sin ser correspondido como ver que alguien a quien no puedes amar como merece se muere por tus huesos. Porque lo que está claro es que el objeto del amor no se elige conscientemente. Y así nos va.

Pero podemos bajar un peldaño más y plantear otro punto de vista. “¿Qué es en realidad el amor?” ¿Es ese subidón de hormonas que nos deja atontados durante meses o es cariño dulce de los que llevan ya décadas juntos? ¿Es la pasión o es el compromiso? ¿O es todo eso y mucho más en un proceso de evolución continua? Voto sin duda por esta última opción.

Así que cambiamos, evolucionamos y también lo hace la persona que duerme a nuestro lado. En alguna de las entradas anteriores he definido el amor como un acto de fe absoluto. Confías en la persona que tienes enfrente, confías en que te corresponde, en que te será fiel y te querrá siempre. Te pones sin reservas en sus manos. Y ese estado de confianza absoluta es la que nos da la felicidad. Ese estado es para mí el amor auténtico, presente en cosas tan tontas como el coger el teléfono con la certeza de saber que él dejará lo que esté haciendo si lo necesitas a tu lado.

Así que creo que es mejor amar. Amar y confiar. Abandonarte en manos de alguien y creer firmemente que estará ahí para recogerte cuando caigas. Y si, posiblemente a lo largo de la vida nos llevaremos muchas leches por ponernos en manos de quien no nos merecía… pero seguro que tarde o temprano encontramos a la persona que si es digna de esa confianza. Al fin y al cabo, ¿qué es el amor sino un acto de fe?

Empecemos a creer.

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5 comentarios:

Lilyth dijo...

Difícil la elección, preferiría decir que existen momentos en los que necesitas amar y entregar todo lo que llevas dentro con o sin fe jijiji y otros que, como coche de carreras necesitas repostar y ante el vacío que te dejan por lo general los malos amores, tomas sin ser conciente del daño que puedes causar.
Claro que, los últimos casos suceden más a menudo en la etapa del enamoramiento (la más publicitada por las perfumerías) sin embargo, puede ocurrir en las etapas más evolucionadas del amor en si, puede que un lado de la balanza ame con todo su ser y mientras el otro está involucrado como cliente del spa del alma… cuando se sienta mejor se irá sin pagar la cuenta.
Sin embargo, me mojo, yo también prefiero amar, lejos de tener la postura novelera de “más vale amar y haber perdido…” porque creo que no poder amar es una enfermedad que te mata como el cáncer, de a poco. Y el vacío que se crea en estas situaciones parece un agujero negro que crece a velocidades insospechadas.

Gabriel dijo...

Lo ideal es que haya una reciprocidad, es decir amar y ser amado. Pero en caso de tener que elegir prefiero lo primero (amar).
Entre otras cosas porque me parece menos egoista, y mas placentero.
Aunque a la larga pueda ser doloroso.
Hay veces (por no decir siempre), que necesitas motivos para hacer las cosas, y los motivos materiales, son solo eso, materiales. Si el amor es un acto de fé (y creo que es acertada la descripción), ¿que mejor motivo para vivir todos los días que hacerlo por algo en lo que crees?

Rocketon dijo...

¿Cuál es la opción en la que se sufre menos? Porque ésa será la mía, sin duda, al menos desde el plano teórico.
Sinceramente creo que, a una altura de la vida, querer a quien no te conviene es síntoma de patología mental. Yo tengo claro que no estaré con alguien que me exija pensar sobre nuestra relación continuamente, sobre si yo quiero más o es ella quien lo hace........ el amor y el pensamiento son enemigos mortales. O fluye o a la mierda del tirón.
Permitidme dudar de la sinceridad de vuestras respuestas. Nadie elige el dolor por convicción. Abonarse al daño es lo más estúpido que se me ocurre.
Llamadme egoísta, hedonista, duro de corazón o lo que queráis, pero no querré a quien no pueda o quiera quererme. Para eso ya tengo a mi perra, a mi moto y a mis guitarras.
Y sí, es posible no querer a quien no te conviene, a quien sabes que nada tiene que ver contigo, a quien lleva la palabra DAÑO en los ojos marcado a sangre y fuego.
El mal de amores mola pal blues y pal country pero si puede ser que lo cante otro...
Resumiendo a la pregunta en cuestión yo respondo a la gallega, con otra pregunta: ¿por qué cojones hemos de ponerle preguntas a cosas en las que la cabeza no debe aparecer ni por asomo?
¿Amar o ser amado? Ambas, sin duda, y si no, ni lo uno ni lo otro.

Manuel dijo...

Ahora en los test sicologicos se pregunta..."Una vez a la semana, o más a menudo, siento calor por todo el cuerpo sin causa aparente?."
Gogleando he descubierto que el test se llama "Inventario Multifásico de Personalidad de Minnesota-2"
Creo que no hemos avanzado mucho desde los setenta.

Maria de Mave dijo...

Manuel, yo flipo contigo. Eres una caja de sorpresas. Como siempre, gracias. Gracias.