domingo, 28 de septiembre de 2008

TRATADO SOBRE LA INFIDELIDAD II: Perdón y olvido



Leo en los comentarios de la entrada anterior a Gabriel diciendo "...Es decir, un "desliz" sexual, dolería, pero podría ser perdonado (que no olvidado) con tiempo..." y me vienen a la cabeza los versos de Aleixande en Espadas como Labios y una imagen, la mía, llorando frente a un espejo en un hotel en cualquier lugar de Castilla.

¿Se puede de veras perdonar sin forzar el olvido?

Yo creo que no.

Quizá se trate de un resto antiquísimo que la evolución no ha podido destruir aún y que nos pone en guardia contra las personas que alguna vez nos fallaron, pero esa visión tan generosa del "PERDON" con mayúsculas, del borrón y cuenta nueva, no termina de caberme en la cabeza.

Las opiniones, claro, las construimos cada uno en función de nuestras historias personales, de las caídas, las cicatrices y los momentos de gloria. Quizá por eso, pienso que una infidelidad, un desengaño o una mentira es el primer paso de un camino que ya no tiene vuelta atrás. Aunque la generosidad del amor pretenda que ahí no ha pasado nada, aunque intentemos convencernos de que fue un momento de debilidad y aunque la otra parte emprenda una senda de redención para purgar sus "pecados". Todos tenemos un "cuarto oscuro" donde guardamos recores y miedos y de vez en cuando se abre como la caja de Pandora. Cuando las termitas de la desconfianza han comenzado a realizar su trabajo, a pesar de los químicos, las cuarentenas y los barnices, es imposible pararlas.

Se puede perdonar, claro, pero ¿quien puede garantizar que en la próxima discusión la basura que guardamos bajo la alfombra no saldrá despedida con fuerza en un momento de tensión máxima?

Porque amamos y somos generosos y nos convencemos de que el amor puede con todo, pero en el fondo, somos sobre todo humanos. Y las cicatrices de las heridas viejas duelen cuando llueve aunque hayan pasado muchos años.

¿Se puede perdonar sin olvidar? Yo creo que no.

5 comentarios:

Duncan de Gross dijo...

¿Perdonar sin olvidar?, ni de coña, uuff, por lo menos yo no...

Lupita dijo...

Aunque a lo mejor me salgo un poco del tema principal quería decirte que me ha gustado mucho el símil de la caja de Pandora. No me lo había planteado así, pero estoy convencida desde hoy de su existencia, porque, al menos yo, tengo una; y se alimenta de todo por lo que, al menos una vez al año está tan llena que no puede permanecer cerrada y se abre de forma descontrolada salpicando alrededor tod lo que tenía que haber sido dicho en otra ocasión. Intento meter pocas cosas en mi caja, pero es inevitable que termine llena... No podemos controlar todo lo que sentimos, nuestra mente no es tan racional como para permitirnos evitar que alguna vez la caja se abra... y seguramente esa es una de las cosas que nos hace humanos.

Saludos María, lo siento por el rollo reflexivo que he soltado en un momento, pero es que lo he visualizado según leía tu entrada...

Anónimo dijo...

Uffff.. tema largo y complejo, tan complicado, como complejas somos las personas, por muchos pricipios y muy bien amueblada que tengas la cabeza, nunca sabes lo que te puede pasar, el corazón no se puede blindar, y menos aún el cuerpo.. y sé muy bien que se puede amar a dos personas a la vez.¿Se puede incorporar otra persona en tu vida sin mover ninguna pieza del puzzle que ya tienes perfectamente montado??? Sí... siempre que esa otra persona ame de verdad y sepa respetar lo que ya se encontró. Esto pasa y es real, ya quedó bastante bien reflejado en una pelicula llamada "Los puentes de Madison"... Solamente me queda por decir que el que esté libre de culpa, que tire la primera piedra.

Rocketon dijo...

La imposibilidad de olvidar estas cosas hace más daño que la infidelidad en sí.

Gabriel dijo...

Como todo, hasta que no te ves en la situación, no se puede opinar. Cada uno es distinto,y probablemente ninguno estemos preparados para saber como actuaremos en un caso asi.
La teoría mia dice que probablemente perdonaría, pero a saber.
En cualquier caso, como dicen por aqui, somos tan complejos que hay tantas reacciones distintas como personas.
Por si acaso, crucemos los dedos...